Saber, escribir, explicar, transmitir

Mar de olivos nocturno (Úbeda), foto de Pilar Expósito Morillas

Divulgar requiere saber de lo que se va a hablar. Requiere saber escribir, saber expresarse. Requiere saber explicar. Y aún contando con todos esos saberes tal vez no logremos nuestra meta: transmitir nuestro conocimiento.

Vale, a veces el divulgador no sabe directamente de lo que está hablando, es alguien que con las otras habilidades ha leído y meditado sobre un tema lo suficiente como para tomar el valor suficiente que requiere salir al frente de la clase y exponer su trabajo a la crítica feroz del zoo que componemos el resto de seres pensantes.

Me he pasado algún tiempo barruntando que no me había quedado mi entrada sobre las baterías todo lo clara y sencilla que pretendía. Y pensando en el tiempo que me había requerido escribirla calculaba dos o tres horas… mirando el log de mi bitácora he visto que realmente escribiendo apenas estuve una hora.

Me he sorprendido, en apenas una hora tenía ya el texto casi acabado, luego fueron unos pocos minutos para añadir algún enlace, poner alguna cursiva o negrita olvidada y pulir alguna expresión que no me gustaba. Pero tampoco me es extraño, siempre barrunto lo que voy a escribir durante un tiempo, y cuando tengo las ideas claras y sé qué voy a escribir lo vuelco de una tacada quedando luego sólo algunas correcciones finales.

No recuerdo desde cuando, creo que ya en EGB (ha llovido algo, lo sé) tenía dicha capacidad, adquirida simplemente por vagancia, escribir (a mano) se me hacía y hace muy pesado, y darle vueltas a las ideas en la cabeza es muchísimo más práctico que emborronar papeles hasta quedar conforme.

Personalmente me resulta complicado no irme por los Cerros de Úbeda. Así que organizar mis ideas sobre un tema técnico y que la explicación quede clara y sencilla para que cualquiera pueda seguir y entender los conceptos básicos que intento transmitir me lleva un tiempo.

Esa es una de las razones por las que publico de tanto en tanto. Los temas sobre los que quiero escribir tardan en madurar dentro de mi ajetreada cabeza y, la verdad, sacarlos de semejante coraza tampoco es tema baladí.

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